Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Después del desayuno, en el cual hicieron acto de presencia las tres pensionistas consabidas, sin participar de él, todas las niñas regresaron a la ciudad, bajo la dirección y vigilancia de la señora Colmann.
Por la mañana, antes del incidente a que me he referido, habría sido mi mayor deseo entrar el mismo día en el colegio y figurar sin más dilación en el número de sus alumnas; pero mi entusiasmo había decrecido, y solicité de mi madre permiso para quedarme un día más en la granja. Habiendo sido aceptada mi petición, acordose que al otro día mi madre me acompañaría a mi nueva residencia.
La señora Colmann, que había observado el cambio operado en mí y que temía perder una pensionista, me prodigó muchas caricias, e indujo a algunas niñas, de entre las más pequeñas, a hacerme demostraciones de amistad; pero comprendí perfectamente que en concepto de aquellas señoritas nunca dejaría de ser yo la aldeanita, la pequeña campesina, hija de una criada de alquería.
