Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Esta impresión fue una de las más violentas de mi vida. Hasta entonces habÃa subido desde la miseria a la opulencia, del infortunio a la felicidad. Súbitamente se producÃa un suceso que presentÃa iba a imprimir nuevos derroteros al curso de mi vida, y dejé de creer en la cualidad invulnerable de mi hado.
Con toda el alma querÃa a sir Harry, y, destrozado este amor, se desgarraba mi alma toda.
Al aspecto moral, seguÃa el aspecto material de la cuestión. VeÃame obligada a proporcionarme los medios de vivir, empresa ardua y pesarosa en los grandes dolores.
¿Qué hacer? ¿Adónde ir? ¿Bajo qué techo me cobijarÃa? Eso me preguntaba, sentada a la sombra de un árbol de la avenida, donde ocho dÃas antes rodaba mi lujosa carretela o galopaba mi brioso corcel.
Alquilé un carruaje en un lugar inmediato, coloqué en él mi equipaje, compuesto de dos o tres baúles, y cuando el cochero me preguntó: «¿Adónde vamos, señora?», no supe qué responderle.
—Siga usted el camino —dije.
—¿Cuál? —preguntó.
—Este.
—Pero ¿hasta dónde?
—Hasta el primer poblado que encontremos.
—El primero es la villa de Nutley.
—Pues a Nutley.
