Historia de una cortesana
Historia de una cortesana La imperiosa voluntad de las necesidades materiales es una de las cosas más humillantes para nuestra mÃsera especie humana, en lo que ella denota la fragilidad y las dolencias.
He hablado ya del cambio que en mà habÃa operado aquel cálido baño, aquella suave atmósfera; una cena delicada, ofrecida por mi desconocido con todos los miramientos que habrÃa podido dispensar a una duquesa, acabó por comunicarme todo el bienestar y toda la serenidad compatibles con mi precaria situación.
Restábame solamente conocer lo más importante, esto es, la Ãndole del negocio que tenÃa que proponerme; pero la cena terminó sin haberme dicho una sola palabra.
El incógnito personaje se habÃa mostrado conmigo muy respetuoso y muy cortés. Su conversación era de hombre culto y distinguido, aunque lo caracterizaba ese ligero barniz de pedanterÃa que es común a los médicos, a los abogados, a los hombres de ciencia en general.
Terminada la cena, mi anfitrión cogió, previo permiso mÃo, una de mis manos, entre las suyas, y me pulsó.
