Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Fácilmente se comprenderá las emociones que aquel dÃa experimenté. Sir Carlos alimentaba una esperanza de la que, sin poder explicármelo, no podÃa yo participar.
ParecÃame que algo desconocido se ocultaba tras la aparente derrota de sir Guillermo. A todo lo que lord Greenville me decÃa, a todos sus proyectos, yo respondÃa:
—Mañana lo veremos.
Llegó el esperado mañana.
Sir Guillermo Hamilton no habÃa indicado hora. A las nueve de la mañana, sir Carlos se encaminó a su casa.
Me quedé esperándole, y esperé una hora, que me pareció un siglo.
Al cabo de este tiempo, sir Carlos regresó a casa. Al verle, adiviné que ninguna de sus esperanzas se habÃan realizado. Estaba pálido y completamente abatido.
—¿Y qué? —le pregunté temblando.
Sacó una carta de su bolsillo.
—¡Inflexible! —me respondió—; exige nuestra inmediata separación.
—¿No lo decÃa yo?
