Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Atravesamos parte de Francia, de Bélgica, de Alemania; nos detuvimos en Viena el tiempo preciso para que sir Guillermo pudiese ofrecer sus respetos al emperador José II, a quien había tenido el honor de ser presentado cuando, cuatro años antes, Su Majestad había venido a Nápoles de incógnito, sin acompañamiento y bajo el nombre de un simple gentilhombre. Después, salimos para Venecia, Ferrara, Bolonia y Roma.
En Roma, sir Guillermo decidió empezar a introducirme en la sociedad italiana. Sus investigaciones arqueológicas le habían llevado más de una vez, no diré a la metrópoli del mundo cristiano, sino a la capital de los Césares, y estaba en intimidad con las familias más distinguidas.
Llegamos a Roma a principios de la primavera de 1788.