Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Se explica que, dada mi afición al teatro, lo primero que hiciera en llegando a Roma fuese pedir a sir Guillermo, que me llevase a un espectáculo teatral.
Mi curiosidad crecía de punto recordando haber oído que en Roma se acostumbraba hacer representar por mozalbetes los papeles de mujer.
Después de todo, no sé si pueden ser llamados mozalbetes esas criaturas neutras encargadas de reemplazar a las mujeres. Entre los griegos, apasionados adoradores de la belleza, la fantasía plástica había inventado al hermafrodita, conjunto de todo lo que determina la belleza en los dos sexos, y que era a la vez Hebe y Ganimedes.
Los romanos han inventado un ser especial, que no pertenece ni a un sexo ni al otro, y que no es ni Hebe ni Ganimedes.
Por esos singulares individuos los prelados romanos cometen, en toda edad, todo género de locuras, lo mismo que nuestra juventud dorada, en Londres y en París, por las bailarinas y coristas de la Ópera.
Sir Guillermo me acompañó al teatro Valle. Se representaba Armida de Cluck, y el papel de la protagonista estaba a cargo de un joven cantante que gozaba entonces del más alto favor de la prelacía romana.