Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Dos cosas habían hecho de sir Guillermo el amigo predilecto del doctor Gatti: nuestra mesa, que encontraba suculenta, y nuestro coche, del que disponía libremente. Al revés de Cotugno, que se preocupaba mucho de las clases menesterosas, el doctor Gatti declaraba en alta voz que él no descendía a tratar con la gente de segundo orden. En oposición también al proceder de Cotugno, nunca abría ningún libro científico, y solo leía gacetillas y libelos. En vez de conservar, como su ilustre colega, su independencia ante los grandes, el doctor Gatti era el cortesano más asiduo del valimiento. Sostenía que los dos pueblos más felices del mundo eran el napolitano y el español, porque el rey Fernando y Carlos III no tenían tiempo de ocuparse en sus pueblos, a causa de sus aficiones cinegéticas, y que todo pueblo a quien su soberano no dedique sus cuidados, está en el camino de la felicidad.
Respecto a esta última teoría, creo yo que sir Guillermo participaba un tanto del parecer del doctor Gatti; toda su privanza cerca de Fernando tenía por razón su afición por la caza y su destreza en este ejercicio.
Al día siguiente de su llegada, el rey le escribió de su puño y letra: