Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —Tu padre es causa de mi desgracia y de la de mis súbditos; pero soy demasiado justo para reprocharte el que tu padre haya hecho un asno de mÃ.
Es verdad que más de una vez he oÃdo a Fernando lamentarse de la educación que habÃa recibido, y achacar su ignorancia al duque de San Nicandro, el cual, desde el punto de vista de la instrucción, no le colocó a un nivel mucho más alto que el de los lazzaroni del muelle.
Por otra parte, la reina, avergonzada de la ignorancia de su marido, de la que, empero, se aprovechaba para alejarle de los asuntos públicos y concentrarlos todos en sà misma, decÃame frecuentemente que no era el duque de San Nicandro el responsable de ello, sino el ministro Tannucci, que hizo de manera que la educación del joven prÃncipe fuese tan incompleta, a fin de que, más adelante, siendo el rey incapaz de dedicar sus cuidados a la administración del Estado, tuviese necesidad de declinarlos en su ministro.
HabÃa mucho de verdad en todo eso; pero no convenÃa creer absolutamente a la reina cuando hablaba del viejo ministro toscano, al que no podÃa sufrir, considerando que, enfeudado a Carlos III, a quien debÃa su fortuna, Tannucci representaba la influencia española, al paso que ella, hija y hermana de emperador, representaba la influencia austriaca.