Historia de una cortesana
Historia de una cortesana El lunes siguiente, 20 de marzo de 1789, día de mi presentación, no hubo sesión en casa de Rowmney. Todo el día se consagró a los preparativos de la gran ceremonia, y singularmente a los cuidados de mi tocado.
Después de mi presentación, debía haber un gran baile en la Corte.
El Rey, apenas me vio, vino a mi encuentro con una galantería encantadora, me ofreció la mano y me condujo a mi sitio, no dejando de hablarme sino para conversar con sir Guillermo.
No bien Su Majestad se hubo separado de mí, se me acercó el príncipe de Gales. Entonces, bien a pesar mío, mi espíritu fue dominado por un solo pensamiento: me veía en la azotea de miss Arabela, la noche que esta recibió al príncipe de Gales; veíalos aún en la ventana, radiantes de juventud y de deseos.
No sé lo que el Príncipe me dijo, ni lo que yo le respondí; todas las fibras del recuerdo arrastraron a mi alma fuera del presente para hacerla retroceder a lo pasado.
Debí de parecer muy torpe al Príncipe.