Historia de una cortesana
Historia de una cortesana En espera del espectáculo prometido para el siguiente dÃa, sir Guillermo me preguntó dónde deseaba pasar la noche. Dicho está que respondÃ: «En la Comedia Francesa». El teatro era y fue siempre mi pasión dominante, y si, en tiempo de mi penuria, no se hubiese incendiado Drury-Lane, habrÃa probablemente debutado en su escenario, y quizás habrÃa llegado a ser la rival de mistress Siddons, en vez de haberlo sido de Aspasia.
Ello hubiese, sin duda, sido mejor a la salud de mi alma y a la tranquilidad de mi conciencia.
Se representaba la Bérénice de Racine.
Sir Guillermo encargó un palco, pero se le dijo que no quedaba ya ninguno.
¡Despachadas todas las localidades de un teatro en pleno perÃodo de asonadas populares y de hambre!
Aquello era increÃble.
Preguntamos la causa de tanto público, y se nos dijo que un joven trágico que habÃa debutado hacÃa solamente dos años y que alcanzaba grandes y merecidas ovaciones, representaba aquella noche el papel de Tito.
Pregunté su nombre: llamábase Francisco Talma.
Viéndome sir Guillermo tan apenada por este contratiempo, escribió en el acto a su colega el embajador de Inglaterra en la corte de Francia, preguntándole si por casualidad tenÃa palco de abono en la Comedia Francesa.
