Historia de una cortesana
Historia de una cortesana He aquà a nuestros dos personajes uno enfrente del otro: de un lado, la Reina, hermosa, altiva, graciosa, distinguida, delicada, sensual, algo pedante, pronta al enojo, tardÃa en aplacarse, despreciando a su marido por la vulgaridad de sus palabras y la debilidad de su entendimiento; del otro lado, al Rey, divertido, ingenuo hasta la ignorancia, independiente hasta la groserÃa, nada cuidadoso de su persona ni delicado en sus maneras, parecido, no a un soberano, no a un prÃncipe ni siquiera a un gentilhombre, sino a un lazzarone, a un mendigo napolitano.
Una de las cosas que causaban la desesperación de la reina Carolina, y que la obligaron a dejar casi por completo de asistir al teatro, fue el modo que el Rey tenÃa de conducirse en él, descendiendo a las más Ãnfimas demostraciones durante los entreactos.
Entre la ópera y el baile, le traÃan la cena al palco. Uno de los elementos de esa cena era un plato de macarrones; el Rey lo cogÃa, se adelantaba hacia el antepecho del palco, y con grandes aplausos de la platea, engullÃa el plato de macarrones a la napolitana, sirviéndose de sus dedos a guisa de tenedor, y respondiendo con saludos a las aclamaciones de los espectadores.
