Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Conforme he dicho, la Reina, me había pedido mi vestido, para mandar confeccionar uno igual. Se lo envié en seguida.
Tres días después, una de sus camareras vino a decirme que Su Majestad se encontraba en el palacio real y me mandaba llamar, recomendándome que me pusiese mi chal azul.
Apenas hacía diez minutos que había llegado de Caserta, y, para que no la hiciese esperar, me enviaba a buscar en uno de los coches de palacio.
Previne a sir Guillermo de mi salida, y en el acto fui a reunirme con la Reina.
Los departamentos de María Carolina estaban en el ángulo del palacio más cercano al mar y miraban a un terraplén completamente cubierto de naranjos y limoneros.
Encontré a Su Majestad vestida con el nuevo traje que se había mandado hacer sobre el modelo del mío. La Reina llevaba una sola pluma blanca en la cabeza; el chal azul aparecía sobre un sillón.
Quise saludarla con el ceremonial de rigor; pero, después de haberme abrazado, dijo:
—¡Vamos, pronto, pronto; a vestirse!
No comprendía yo el significado de la invitación; pero la Reina me mostró mi vestido colocado en un sillón, y yo comprendí que quería satisfacer el capricho de que nos viesen a las dos vestidas del mismo modo.
