Historia de una cortesana
Historia de una cortesana La desgracia que desde la víspera cerníase sobre la Reina, era la toma de la Bastilla.
Ciertamente, nada podía sumir a Carolina en más profundo estupor; era como si le hubiesen participado que los napolitanos habían tomado el castillo de San Telmo.
Esta noticia, aunque no se conocía por otro conducto que el mensajero llegado de Francia, y aunque este quedó detenido y encerrado en el palacio, se esparció por toda Nápoles y produjo honda sensación.
Cuando, algunos años antes, la francmasonería en Francia, los iluminados en Alemania y los prosélitos de Swedemborg en Suecia, empezaron a formar sociedades secretas, la francmasonería había realizado algunos progresos en Italia, sobre todo en la Meridional. Esta invasión masónica tuvo lugar al iniciarse los amores de la Reina con él príncipe de Caramanico, y Carolina, que buscaba todas las ocasiones de encontrarse con su amante, le había inducido a hacerse masón, a lo que él accedió sin vacilar, y ella misma, amparándose en la ley que permitía fundar logias a las mujeres, se nombró venerable de una de ellas, a la cual estaban afiliadas algunas damas napolitanas. En cuanto al Rey, siempre se mostró refractario a afiliarse a ninguna, a causa de las pruebas físicas y morales a las que no quería someterse, por no estar seguro de salir airoso de ellas.
