Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Declaro que mi estupefacción habÃa llegado al colmo. SabÃa que el rey de Nápoles era muy poco celoso de su propia dignidad; pero ignoraba que la hubiese olvidado hasta tal grado.
Miré a la Reina.
—¿Irá Vuestra Majestad, señora? —le pregunté.
—¡Oh! ciertamente, iré; y tú vendrás conmigo —dijo.
—¡Yo, señora!, ¿y con qué carácter?
—Vendrás conmigo —repuso MarÃa Carolina con viveza—. Quiero que puedas contar a sir Guillermo lo que ocurra.
Nada habÃa que objetar; no era una invitación, sino una orden. Seguà a la Reina, y a los cinco minutos entramos en el Consejo, que era formado por el general Acton, Carlos de Marco, Fernando Corradini, Severo Simonetti y Luis de Médicis. El Rey presidÃa el Consejo, pero, como de costumbre, desapareciendo a intervalos.
Fernando habÃa calculado bien el tiempo que el capitán Caracciolo emplearÃa en regresar del buque almirante francés. No bien hubo la Reina ocupado su puesto en la mesa, frente al Rey, y yo me hube sentado en un ángulo, se abrió la puerta y anunció al mensajero.
