Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Uno de mis deseos más vehementes —dice Fernando en ese documento—, ha sido constantemente encontrar un lugar agradable y apartado del bullicio de la corte, donde pueda yo emplear con provecho las pocas horas de ocio que me dejan los graves asuntos de mi reino. Las delicias de Caserta, y la magnÃfica habitación empezada por mi padre y terminada por mÃ, no brindan el silencio y la soledad necesarios a la meditación y al descanso del espÃritu, pero formando por decirlo asÃ, una segunda capital en medio de la campiña, con las mismas aficiones al lujo y a la magnificencia que en Nápoles me rodean, pensé en la conveniencia de elegir, dentro del mismo parque del castillo de Caserta, un sitio más retirado, una especie de Tebaida, que vino a ser el paraje de San Leucio.
Véase de qué manera el rey Fernando entendÃa la meditación y el reposo del espÃritu.