Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¡Reina Carolina —dijo el desconocido—, provocáis a Dios!
Y se perdió por un callejón llamado via dei Sospiri-del-Abisso, es decir, calle de los Suspiros del Abismo, porque los condenados van a la muerte pasando por esa calle, desde la cual divisan por primera vez el patÃbulo.
—¡Oh! ¡Dios mÃo, señora! —exclamé—, ¿qué significa eso?, ¿quién es ese hombre?
—Algún jacobino olvidado por Vanni —murmuró la Reina—, y que me amenaza, no pudiendo hacer otra cosa.
Llegamos al puente de la Magdalena, pero a la altura de la estatua de San Javier, los caballos se pararon y obstinaron en no continuar la marcha.
El cochero los fustigó inútilmente; se encabritaron y apoyaron en el parapeto del puente.
—¡Señora, señora! —dije yo, estrechando la mano de la Reina—, ese hombre no era un enemigo, sino un amigo; no vaya usted más lejos; ¡no provoque a Dios!
—¿Qué les pasa a los caballos, Cayetano? —preguntó la Reina.
—No lo sé, señora —dijo el cochero—, pero no quieren de ninguna manera traspasar la estatua de San Javier.