Historia de una cortesana
Historia de una cortesana En pocas palabras he explicado la sentencia y muerte de Tomás Amato, una de las primeras víctimas del comité.
Las prisiones empezaron tan pronto como hubo partido el almirante de Latouche-Tréville. Hacía, pues, cuatro años que algunos de los acusados estaban presos.
Esos acusados eran en número de cincuenta y cuatro. El procurador fiscal, Basilio Palmieri, dijo, al empezar la persecución, que tenía pruebas contra veinte mil personas.
Entretanto, había pedido la última pena para treinta de los acusados, con previa aplicación de la tortura.
Pero el tribunal se dio por satisfecho condenando a muerte solamente a tres, otros tantos a galeras, trece a castigos menores. Los demás fueron puestos en libertad.
El jefe de la conjuración era un tal Pedro di Falco. Hizo confidencias, denunció el plan de los conjurados; pero esas confesiones nunca llegaron a ser del dominio público, y el denunciador fue enviado a la isla de Tremiti sin haber sido careado con sus secuaces.
La decisión de los jueces por la pena de muerte, era singular; se habría dicho que querían aplicarla en holocausto a la Parca.