Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —¡Oh, sÃ! —murmuró la Reina—, ¡tú morirás, miserable! y nada en adelante podrá salvarte. ¡A Dios mismo, si viniese del cielo a pedirme tu perdón, se lo negarÃa! ¡Ven, Emma, ven! hemos oÃdo lo bastante.
Y cogiéndome la mano con una especie de rugido largo rato contenido y que aumentaba a medida que bajábamos la escalera, me sacó de aquella estancia.
¡Era la primera vez que oÃa yo maldiciones lanzadas contra mÃ!