Historia de una cortesana
Historia de una cortesana El 19 recibimos aviso de que Nelson estaba el 16 a la altura de Stromboli. No podía, pues, tardar en llegar a Nápoles, y contra lo que podría pensar, decir o hacer el embajador de la República francesa Garat, se organizaron festejos públicos. Tres días antes llegaron el Alexandrie y el Culloden, que se habían adelantado en cinco días al Van-Guard, más castigado que los dos primeros.
Se establecieron vigías en el cabo Campanella y en el punto más elevado de la roca de Capri. Los vigías debían, por medio de señales, anunciar la flota de Nelson y transmitir inmediatamente a Nápoles la noticia de su llegada.
Se adornó espléndidamente una embarcación; se levantó en ella una tienda de púrpura, coronada con las armas de Inglaterra y de las Dos Sicilias; se la cubrió con trofeos de los estandartes de ambas naciones; se prepararon otros doce o quince barcos de menor porte para dar escolta a la capitana, y se pasó orden de que cada cual estuviese preparado para ir al encuentro de Nelson al primer aviso.
En aquellos días, la Reina me hizo objeto de mayores demostraciones de cariño, y no me ocultó ninguno de sus más secretos pensamientos.