Historia de una cortesana

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LXXX

Algunos días después del recibimiento tributado a Nelson, el ciudadano Garat, so pretexto de haber sido nombrado miembro del Consejo de los Quinientos, se marchó de Nápoles con todo el personal de la embajada francesa. Pero, con gran admiración de todos, Francia, en vez de aprovechar esta ocasión para hacer la guerra a Nápoles, devoró la afrenta, y, en sustitución del ciudadano Garat, envió al ciudadano Lacombe Saint-Michel.

Esa afectada indiferencia ante semejante insulto era una prueba de que Francia no se encontraba en condiciones para la guerra, con lo cual crecieron los atrevimientos de la Reina.

A fuerza de sacrificios de toda clase, el reino de Nápoles había podido reunir un ejército de sesenta y cinco mil hombres, al paso que todos los informes convenían en que los franceses no sumaban en Roma más de diez mil hombres, y se decía unánimemente que estaban faltos de víveres, de vestuario, de calzado; que solo tenían, por toda artillería, nueve piezas sin municiones, y que, a lo más, solo disponían de ciento ochenta mil cartuchos.

El Rey y la Reina coincidían en su odio a Francia; pero el Rey, para atacarlos, quería esperar a que el emperador iniciase la ofensiva, y el emperador, por su parte no quería tomarla sin disponer de los cuarenta mil rusos que le había prometido el czar Pablo.


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