Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Al dÃa siguiente, se celebró consejo de Estado. El Rey expuso la situación; no ocultó nada del desastre; a ser posible, habrÃa exagerado sus proporciones.
El almirante Caracciolo, en su condición de jefe de las fuerzas navales, fue llamado a dicho Consejo. Como no habÃa nada que temer por el lado del mar, pues los ingleses guardaban el puerto, pidió que se le permitiese reunir los soldados de marina en un cuerpo de mil o mil doscientos hombres, ponerse a su cabeza y marchar al encuentro de los franceses. Apoderándose de los desfiladeros de los Abruzos antes que el grueso del ejército napolitano llegase a ellos, podrÃa reducir la extensión de la derrota y rehacer a los fugitivos, con el refuerzo de este nuevo contingente. Por crecido que fuese el número de soldados perdidos en los diversos combates con los franceses, el ejército napolitano debÃa aún ser cuatro veces más fuerte que el otro ante el cual huÃa.
El Rey rechazó este ofrecimiento; dudaba de la adhesión de Caracciolo y sospechaba que su objeto, queriendo organizar aquella tropa, era reunirse con ella a los patriotas.
Caracciolo se sintió ofendido con esa sospecha, que no merecÃa, y, retirándose antes de terminar el Consejo, manifestó que regresaba a bordo de su buque, donde esperarÃa las órdenes del Rey.
