Historia de una cortesana
Historia de una cortesana Aquellos que me hayan seguido en todas las fases de mi infancia, oscura e ignorante, podrán formarse una idea del efecto que produjo en mà esta representación de Romeo y Julieta, de que fueron intérpretes el trágico más grande que ha tenido Inglaterra y la más notable trágica que debÃa tener… Mi cerebro, impoluto como las páginas en blanco de un libro por imprimir, recibió todas las sensaciones de poesÃa, de amor, de piedad, de terror, encerrados en este admirable poema que, gravitando en mi alma, transportaron mis sentidos al más alto grado de entusiasmo y exaltación.
TenÃa yo la misma edad de Julieta, y, como ella, era hermosa y apasionada. Me penetré de aquel amor súbito y exaltado que ella siente por el joven Montaigu, y que, presintiendo su cercana muerte, la impulsa a decir, el primer dÃa, o más bien la primera noche que ve a su amante:
«¡Corre, nodriza, corre! Averigua si es soltero, porque de lo contrario, si es casado, te juro que un túmulo será mi lecho de bodas».
El señor Hawarden seguÃa en mi semblante los movimientos de mi corazón, y el profundo psicólogo leÃa en él todas mis impresiones; para el doctor constituÃa un estudio curioso con mezcla de esa dulce satisfacción que provoca la vista del placer o de la dicha que se proporciona.
