Historia de una cortesana
Historia de una cortesana —He aquà mi respuesta a los rebeldes —dijo—. Puede usted llevarla a ellos y al cardenal Ruffo.
Micheroux miraba con asombro aquel espectáculo que parecÃa no comprender.
—Pero —dijo—, ¿quién es ese hombre y qué le hacen?
—Ese hombre —repuso Nelson—, es el traidor Caracciolo, y lo están colgando por orden mÃa. Y asà se hará con todos los rebeldes que hayan hecho armas contra Su Majestad.
Lancé un grito; también yo lo habÃa visto todo sin sospechar lo que veÃa.
El caballero Micheroux, consternado con la respuesta del almirante, bajó de nuevo a la lancha que lo habÃa traÃdo y, apoyada la cabeza entre ambas manos, regresó a tierra.
El mismo dÃa, el cardenal Ruffo, viendo que no habÃa podido salvar a Caracciolo ni obtener el cumplimiento del tratado, envió su dimisión a Palermo.