JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Menos caprichoso y vago que el de su colega, el plan de aquel revelaba ideas pirotécnicas de un orden muy distinguido, y la alegorÃa, reina de aquellos tiempos, estaba en combinación con el más elegante gusto arquitectónico. Representaba la armadura ese antiguo templo de Himeneo, que entre los franceses rivalizaba en juventud con el de la gloria. Le sostenÃa una columna enorme, y le rodeaba de un parapeto, en cuyos ángulos se veÃan delfines, que con la boca abierta esperaban sólo la señal para arrojar torrentes de llamas. Se elevaban frente a los delfines, majestuosos y erguidos sobre sus urnas, el Loira, el Ródano, el Sena y el Rin, preparados a verter, en vez de sus aguas, fuegos azules, blancos y rosados, tan luego como se encendiese la columnata.
Algunas piezas de artificio, que debÃan incendiarse al mismo tiempo, formarÃan gigantescas macetas de flores sobre el terrado del palacio de Himeneo.