JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Cerca de las dos de la mañana, una inmensa capa de nubes blancas que se extendía sobre París dibujaba, bajo enérgicas formas y la mezquina luz de la luna que se deslizaba con lentitud, todas las desigualdades de aquel terreno, en cuyos fosos habían encontrado las turbas fugitivas, primero un tropiezo, y la muerte después.
Por doquiera, al resplandor de la luna, encapotada de vez en cuando entre las nubes amontonadas a que nos hemos referido, veíanse en las sinuosidades de los derribos y entre los escombros, infinidad de cadáveres con sus trajes en completo desorden, los miembros estirados y las manos crispadas en señal de terror o de súplica. En medio de aquel espacio, los escombros despedían un humo amarillento e infecto, ocasionado por las maderas incendiadas, que contribuían a dar a la plaza de Luis XV todas las apariencias de un campo de batalla.
