JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

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Capítulo LIX

En tanto que se producían constantemente mil escenas semejantes a las que acabamos de bosquejar, M. de Taverney escapaba casi milagrosamente de todos los peligros de aquella noche.

Pero tranquilo y experto, aunque incapaz de oponer la menor resistencia física a la fuerza que destruía todo, logró sostenerse en el centro de un grupo que iba arremolinándose en la calle de la Magdalena.

Al tropezar en los parapetos de la plaza, al romperse contra los ángulos del guardamuebles este grupo, dejaba por sus flancos numerosos rastros de heridos y muertos, mas al fin pudo lograr aunque diezmado a cada momento, librarse del peligro conservando el impulso de su centro.

En el instante la multitud que lo componía se esparció por el bulevar, deseosa de respirar un aire puro, y lanzando mil gritos de contento.

M. de Taverney, como cuantos habían llegado sanos hasta aquel punto, se vio por completo fuera de peligro.

Increíble parecía lo que vamos a referir, si no hubiésemos ya dado a conocer con claridad a nuestros lectores el carácter del barón; pero es muy cierto que en medio de los tormentos de tan terrible noche, M. de Taverney (Dios se lo perdone) no pensó más que en sí mismo.


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