JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico En tanto que Juan Jacobo pensaba haber dejado en completa tranquilidad a su enfermo, y su esposa refería a los vecinos que, merced a las prescripciones del sabio facultativo, ya se hallaba Gilberto fuera de peligro inspirando a todos su salud las más halagüeñas esperanzas, el joven se lanzaba en otro peligro mucho mayor que todos los que hasta entonces le habían ocasionado su obstinación y sus incesantes desvaríos.
Sin embargo, Rousseau no abrigaba una confianza tan absoluta, que le cegase hasta el extremo de abandonar todas sus sospechas fundadas en un raciocinio filosófico.
Adivinando que su joven discípulo estaba loco de amor, y habiéndole sorprendido en flagrante delito de rebelión a los mandatos medicinales, creyó desde luego que reincidiría en las mismas faltas, si se le dejaba enteramente libre.
En su consecuencia, y como buen padre de familia, había cerrado cuidadosamente el candado de la buhardilla, permitiéndole, aunque sin decírselo, asomarse al ventanillo, pero sin dejarle el menor recurso para que pudiese franquear la puerta.
