JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Después que Gilberto hubo preparado su desembarco en la enemiga playa, pues así calificaba el jardín del barón de Taverney, se entretuvo en explorar el terreno desde su ventana con la atención profunda de un hábil estratégico que se dispone a dar una batalla; mas de repente, y con gran admiración suya, se desarrolló una escena que excitó vivamente su atención.
Hendiendo los aires, una piedra pasó por encima de la tapia del jardín y chocó contra un ángulo de la casa.
Gilberto no ignoraba que no hay efecto sin causa, y por lo mismo se dedicó a averiguar la causa, después de haber visto el efecto.
Pero por más esfuerzos que hizo sacando el cuerpo fuera de la ventana, no pudo distinguir la persona que había lanzado la piedra desde la calle.
Lo único que comprendió fue que esta maniobra coincidía exactamente con otra, pues vio que se abría con precaución una de las contraventanas del piso bajo, y que se asomaba la cabeza de Nicolasa.
Cuando la reconoció ocultóse precipitadamente Gilberto para no ser descubierto, pero sin perder de vista los movimientos de la astuta joven.
