JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Los referidos sucesos se desarrollaron el viernes por la noche, de modo que sólo faltaba que transcurriese un día para que se efectuase el proyectado paseo al bosque de Luciennes, paseo a que tanta importancia concedía el filósofo Rousseau.
El joven Gilberto, indiferente desde que había sabido la próxima partida de Andrea para Trianón, pasó todo el día reclinado sobre el ventanillo de su pobre buhardilla; también la ventana de Andrea había permanecido constantemente abierta y dos o tres veces se había asomado a ella la hija del barón pálida y débil, como para respirar, pareciendo a Gilberto al verla que se tendría por feliz si el cielo le otorgase la dicha de que Andrea habitase eternamente aquel pabellón, la de no salir él de su aposento y la de contemplar dos veces al día la hermosura de su adorada.
