JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Se hallaba, como creemos haberlo ya dicho, en un deshabillé sumamente elegante, parecido al que sirve de adorno a las pastoras de Boucher; pero le fallaba el colorete, porque este disgustaba en extremo al rey Luis XV.
Pero no bien anunciaron a Su Majestad, cuando la condesa tomó rápidamente sus papelillos color de rosa y comenzó a frotarse las mejillas con desusado empeño. El monarca observó la ocupación de la favorita y dijo después de cruzar la antecámara:
—¡Bribona! ¡Cómo se embadurna!
—¡Ah, señor! Buenos dÃas —murmuró la condesa sin apartar la vista del espejo y sin interrumpir su operación, aun cuando el rey, acercándose, la abrazaba preguntando:
—¿No me aguardabais hoy?
—¿Por qué, señor?
—Porque os desfiguráis el rostro.
—Al contrario, señor; confiaba mucho en que no transcurrirÃa el dÃa sin que tuviese el honor de ver a Vuestra Majestad.
—¡Con qué tono respondéis, condesa!
—¿De veras?
—¡Vaya!, si estáis tan seria como Rousseau cuando oye ejecutar alguna melodÃa que él ha compuesto.
—Señor, consiste en que tengo una cosa muy formal que manifestaros.
—¡Ah!, bien; ya os veo venir, condesa.