JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Pues explicad por qué.
—Porque soy un plato de segunda mesa.
—¿Vos?
—¡Yo! ¡Yo! La condesa du Barry, la bellÃsima Juana, la encantadora Juanita, como dice Vuestra Majestad; sÃ, sÃ, soy un plato de segunda mesa.
—No adivino en qué os fundáis…
—En que tengo a mi rey, en que poseo a mi amante después que se han hastiado de él madame de Choiseul y madame de Grammont.
—¡Oh…!, ¡oh…!, condesa…
—Si os desagradan mis palabras, peor para vos: quiero hablar claro. Se asegura como cosa muy positiva que madame de Grammont os ha estado aguardando muchas veces a la entrada de vuestro dormitorio: pues bien, estoy resuelta a hacer precisamente lo contrario, aguardaré a la salida, y el primer Choiseul o la primera Grammont que halle al paso… ¡pobres de ellos!
—¡Condesa! ¡Condesa!
—¿Qué queréis? Soy una mujer mal educada; soy la querida de Blas, la bella Borbonesa, como sabéis.
—Pero los Choiseul se vengarán.
—Si mi venganza precede a la suya, ¿qué me importa?
—Y nos despreciarán.
—SÃ; decÃs verdad.
—¡Oh!