JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Cuando Luis XIV vio concluido el palacio de Versalles y reconoció los inconvenientes de la grandeza; cuando se presentaron a su imaginación aquellos amplios salones llenos de guardias, aquellas antecámaras obstruidas por un enjambre de cortesanos, aquellos corredores y entresuelos en que apenas podían moverse los lacayos, pajes y comensales, dijo sencillamente que Versalles era lo que él había pretendido hacer, y lo que Mansard, Le Brun y Le Nôtre habían hecho, es decir, la mansión de un Dios, pero no la residencia de un hombre.
Entonces el gran rey, que era hombre en sus momentos de ocio, construyó a Trianón para poder respirar y esconderse un poco de los escudriñadores de su vida privada. Pero la espada de Aquiles, que había fatigado al mismo Aquiles, debía ser un peso excesivo para un sucesor monicaco.
Trianón, especie de repetición de Versalles, aun pareció a Luis XV excesivamente deslumbrador y espléndido, por lo cual encargó al arquitecto Gabriel que levantase el pequeño Trianón, pabellón de sesenta pies cuadrados.
