JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo LXXXI

Mientras el rey; con el propósito de tranquilizar enteramente a M. de Choiseul y aprovechar el tiempo, se paseaba en Trianón aguardando la hora de la cacería, Luciennes era el centro de reunión de conspiradores atolondrados que llegaban encogidos a la morada de madame du Barry, lo mismo que los pájaros que huelen la pólvora del cazador.

El mariscal de Richelieu y Juan, después de haberse estado contemplando largo espacio de muy mal talante, fueron los primeros que adoptaron su partido.

Eran los demás favoritos ordinarios, a quienes la desgracia de los Choiseul había hechizado, a quienes había conmovido la vuelta al favor del mismo, y que no pudiendo arrimarse al ministro se encaminaban a Luciennes maquinalmente para ver si el árbol estaba aún bastante fuerte para sostenerlos.

Madame du Barry, después de las fatigas de la diplomacia y del triunfo ficticio que las había coronado, dormía la siesta cuando el coche de Richelieu entró en el patio con el ruido de un huracán.

—Está durmiendo ama du Barry —dijo Zamora sin levantarse.

Juan echó a rodar al gobernador por el suelo de un puntapié que aplicó en los bordados fondillos de su vestido de ceremonia, y el pobre negrillo puso el grito en el cielo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker