JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Obstruía una larga fila de carruajes todas las avenidas del bosque de Marly, donde el Rey se divertía cazando, aunque aquello se llamaba propiamente una cacería de siesta, porque, efectivamente, durante los últimos días de su vida no cazaba Luis XV con escopeta ni redes, sólo se conformaba con ver cazar.
De nuestros lectores, aquellos que hayan leído a Plutarco, recordarán sin duda de aquel cocinero de Marco Antonio, que de hora en hora metía un jabalí en el asador, con el objeto de que entre los cinco o los seis que al mismo tiempo se asaban, hubiese uno siempre en sazón para el momento preciso en que Marco Antonio se sentase a la mesa.
Esto consistía en que Marco Antonio llevaba negocios a manos llenas en el gobierno del Asia Menor; administraba justicia por sí mismo; y como los habitantes de la Cilicia[29] son muy grandes ladrones, según afirma Juvenal, hallábase siempre ocupado. Tenía, pues, siempre, cinco o seis piezas en el asador, para cuando, por casualidad, le permitían comer un bocado sus altas funciones de juez.
