JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Lo mismo que todos los cortesanos, monsieur de Richelieu, tenía casa en Versalles, casa en París, casa en Marly y casa en Luciennes; es decir, habitación preparada en todos los sitios reales.
Al multiplicar los sitios de residencia, Luis XIV había impuesto a todos los personajes que tenían entrada cerca de su persona, el deber de ser muy ricos, a fin de que imitasen en la debida proporción el tren de su casa y las reglas de sus caprichos.
Residía M. de Richelieu en su palacio de Versalles cuando cayeron el duque de Choiseul y el de Praslin, y allí también fue a pasar la noche después de presentar en Luciennes su sobrino a madame du Barry.
Vieron a Richelieu con la condesa en el bosque Marly; le habían visto nuevamente en Versalles después de la desgracia del ministro, y pocos desconocían su audiencia larga y secreta en Luciennes, y estas circunstancias, a las cuales había de agregarse las indicaciones de Juan du Barry, bastaron para que toda la Corte se creyese obligada a ofrecer al mariscal el homenaje de sus respetos.
El anciano duque iba, pues, a aspirar el perfume de la lisonja, de la adulación y de la bajeza que queman siempre ante los ídolos del día todos los que se sostienen de gracias y mercedes inmerecidas.
