JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

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Capítulo LXXXIX

Lo mismo que todos los cortesanos, monsieur de Richelieu, tenía casa en Versalles, casa en París, casa en Marly y casa en Luciennes; es decir, habitación preparada en todos los sitios reales.

Al multiplicar los sitios de residencia, Luis XIV había impuesto a todos los personajes que tenían entrada cerca de su persona, el deber de ser muy ricos, a fin de que imitasen en la debida proporción el tren de su casa y las reglas de sus caprichos.

Residía M. de Richelieu en su palacio de Versalles cuando cayeron el duque de Choiseul y el de Praslin, y allí también fue a pasar la noche después de presentar en Luciennes su sobrino a madame du Barry.

Vieron a Richelieu con la condesa en el bosque Marly; le habían visto nuevamente en Versalles después de la desgracia del ministro, y pocos desconocían su audiencia larga y secreta en Luciennes, y estas circunstancias, a las cuales había de agregarse las indicaciones de Juan du Barry, bastaron para que toda la Corte se creyese obligada a ofrecer al mariscal el homenaje de sus respetos.

El anciano duque iba, pues, a aspirar el perfume de la lisonja, de la adulación y de la bajeza que queman siempre ante los ídolos del día todos los que se sostienen de gracias y mercedes inmerecidas.


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