JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Muy enojado Juan por aquella salida llena de provocación, se hizo atrás como para responder a ella, pero al momento se encogió de hombros acercándose al mariscal.
—¡Hola! —le dijo—. ¿RecibÃs en vuestra casa a semejantes sabandijas?
—No, ciertamente: las espanto.
—¿Conocéis a ese pelele?
—Mucho.
—¿Pero ignoráis quién es?
—Un Taverney.
—Un hombre que pretende colocar a su hija en el lecho del rey.
—¡Bah!
—Un hombre que aspira a suplantarnos y que recurre a todos los medios para conseguirlo. Pero aquà está Juan, y Juan no se duerme.
—Conque tienes seguridad de que procura…
—Os lo afirmo por difÃcil que os parezca.
—Se me resiste el creer…
—Y por medio hay un joven decidido a romperse la crisma con cualquiera; un joven que me ha herido… que ha herido al pobre Juan.
—¡A vos! ¿De modo que es un enemigo personal vuestro?
