JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico A las tres de aquel mismo día salió de su aposento la señorita Taverney, a fin de dirigirse a casa de la delfina, quien tenía la costumbre de que le leyesen una hora antes de empezar a comer.
El primer lector de Su Alteza Real, que era el abate, no desempeñaba ya aquel cargo, pues se había dedicado a la política por experiencia desde algunas intrigas diplomáticas en que desplegó el talento propio de un gran hombre de negocios.
Salió bastante adornada la señorita de Taverney para desempeñar su comisión, pero sufría, como todos los que residían en Trianón, las dificultades inherentes a una instalación algo brusca. Sin haber organizado nada, ni aun lo preciso para su servicio, ni la colocación de su escaso ajuar, la había vestido provisionalmente una de las doncellas de la señora de Noailles, camarista a la cual la delfina llamaba la señora Etiqueta.
