JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo XCIII

Marchaba M. de Richelieu en dirección a la casa que ocupaba M. de Taverney en la calle de Coq-Heron.

Pero gracias al privilegio que nos ha concedido el diablo cojuelo de poder entrar en las casas, se encuentren o no cerradas, sabemos nosotros antes que Richelieu, que sentado el barón frente de la chimenea y con los pies sobre unos inmensos morillos, debajo de los cuales se estaba consumiendo un tizón, sermoneaba a Nicolasa, tomándole de vez en cuando la barba, a pesar de las muecas que en señal de rebelión y desprecio le hacía la joven.

No aseguraremos si a Nicolasa hubiese acomodado mejor la caricia sin el sermón que el sermón sin la caricia.

Verdaderamente que la conversación giraba entre amo y criada sobre un punto importante; a saber, que a ciertas horas de la noche no acudía Nicolasa con exactitud al oír la campanilla, que siempre tenía alguna ocupación en el jardín o en el invernáculo, y que todo lo hacía mal, menos en los mencionados dos sitios.

A lo que contestaba Nicolasa volviéndose y revolviéndose con sin igual gracia y suma voluptuosidad.

—¡Tanto peor…!, yo me aburro aquí; además, ¿no se me había ofrecido que iría a Trianón con la señorita?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker