JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Iba Nicolasa extraordinariamente contenta, pues mayor triunfo era para ella dejar a ParÃs por Trianón, que lo fue salir de Taverney para trasladarse a ParÃs.
De manera que desplegó tal gracia con el cochero de Richelieu, que a la mañana siguiente ya disfrutaba de una gran reputación la doncella en todas las antecámaras un tanto aristócratas de Versalles y ParÃs.
Cuando llegaron al pabellón de Hannover, Richelieu cogió a la doncella de la mano y la condujo al piso principal, donde le aguardaba M, de Rafté escribiendo una porción de cartas por cuenta de monseñor.
Entre las atribuciones que tenÃa el mariscal, la guerra figuraba en primer término, y Rafté se habÃa convertido, a lo menos en teorÃa, en un guerrero tan hábil, que Polibio y el caballero de Fobard se hubieran tenido por afortunados a haber vivido, de recibir una de las memorias que Rafté escribÃa todas las semanas acerca de fortificaciones y maniobras.
Estaba, pues, M. de Rafté entretenido en extender un provecto de guerra contra los ingleses en el Mediterráneo, cuando el mariscal entró y le dijo:
—Rafté, contempla a esta muchacha.
Y Rafté la miró, y dijo moviendo los labios del modo más expresivo:
—Es muy guapa, monseñor.
