JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico ALEGRÍA PARA UNOS,
Y DESESPERACIÓN PARA OTROS
—Señorita, buenos dĂas: soy yo —dijo Nicolasa haciendo una alegre reverencia, que no obstante no estaba exenta de inquietud, conociendo como conocĂa la joven el carácter de su ama.
—¡Vos!, ¿y a qué circunstancia se debe vuestra venida? —dijo Andrea soltando la pluma para seguir mejor la conversación que se entablaba de aquella manera.
—Señorita, vos me habéis olvidado, y yo he venido…
—Si os he olvidado, razones tendrĂa para ello. ÂżQuiĂ©n os ha autorizado para que vengáis?
—El señor barĂłn, señorita —contestĂł Nicolasa acercando con aire de descontento las dos hermosas cejas negras que debĂa a la generosidad de M. RaftĂ©.
—En ParĂs os necesita mi padre, y yo para nada os necesito aquĂ. PodĂ©is volveros, pues hija mĂa.
—¡Oh! —dijo Nicolasa—, vos señorita, no tenĂ©is cariño a la gente… Yo creĂa que os habĂais aficionado más a mĂ… ¡Y luego quiera una —agregĂł filosĂłficamente Nicolasa—, para que se lo paguen de este modo!
Y sus rasgados ojos hicieron los mayores esfuerzos para procurar atraer una lágrima a los párpados.
