JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

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Capítulo XCVI

Mientras que bajo los olmos y entre las flores de Trianón salían a luz estas intrigas subalternas, avivando la existencia ya en extremo animada de los oradores de aquel mundo, las grandes intrigas de París, tempestades amenazadoras, abrían sus anchas alas sobre el palacio de Themis, como escribía mitológicamente Juan du Barry a su hermana.

Los parlamentos, aunque menguado resto de la antigua oposición francesa, habían tomado aliento bajo la mano caprichosa de Luis XV, pero luego cayó M. de Choiseul que era su protector, y conociendo que corrían peligro, aprestábanse a conjurarlo con medidas tan enérgicas como consentían las circunstancias.

Así, pues, el rey a quien el parlamento de Bretaña y la Francia entera había inundado con un diluvio de representaciones más o menos sumisas y filiales, acababa, gracias a la du Barry, de dar la razón al feudalismo contra el estado llano, otorgando a M. de Aiguillon el nombramiento de comandante de la caballería ligera.

Formulaba Juan du Barry con exactitud semejante acto, afirmando que era dar un bofetón en la mejilla de sus amados y fieles consejeros que se erigían en tribunal de parlamento.

—¿Cómo se recibiría aquel bofetón? Esta era la pregunta que en la corte y la villa se hacían todos diariamente al despuntar de la aurora.


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