JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Lee y comenta.
Rafté leyó entonces el billete, escrito de puño y letra de M. de Aiguillon y redactado en estos términos:
Mi querido tÃo: Ha surtido efecto vuestro consejo, pues habiendo confiado mis pesares a la bondadosa amiga de nuestra familia, a la señora condesa du Barry, ha depositado mi confianza en el seno de Su Majestad. Se ha indignado el rey de la violencia que conmigo usan los señores miembros del Parlamento, a pesar de que con tanta fidelidad sirvo su causa, y en el consejo de hoy mismo ha anulado la sentencia del Parlamento, disponiendo que continúe en mi cargo de par de Francia.
Como comprendo, querido tÃo, el placer que os producirá esta noticia, os envÃo copia de la decisión de Su Majestad, copia que he mandado sacar a un secretario enseguida para que os enteréis antes que nadie.
Podéis contar, mi querido tÃo, con mi ternura y respeto, asà como confÃa en vuestros favores y buenos consejos,
El duque de Aiguillon
—No hay más; se mofa de mà —exclamó el mariscal.
—Me parece que sÃ, monseñor.
—¡El rey! ¡El rey! ¡Cuidado si se mete en el avispero!
—Ayer no lo quisisteis creer.