JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

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Capítulo CIV

Con la marcha de los concurrentes de segundo y tercer orden, quedó reducida la reunión a siete, es decir, a los jefes, quienes se dieron a conocer entre sí por medio de signos que probaban su iniciación hasta un grado superior.

Lo primero que hicieron fue cerrar las puertas y acto seguido se mostró a los demás su presidente, presentando una sortija que llevaba grabadas las letras misteriosas de L. P. D.

Tenía dicho presidente la misión de llevar la correspondencia suprema de la orden, y se relacionaba por este medio con los otros seis jefes, los cuales residían en Suiza, Rusia, América, Suecia, España e Italia.

Por este motivo llevaba consigo algunos de los documentos de más importancia que había recibido de sus colegas, con el objeto de dar cuenta de ellos a la junta de iniciados, superiores a los demás e inferiores a él.

El susodicho jefe era Balsamo.

La más interesante carta de todas ellas era una que había escrito desde Suecia, Swedenborg, y que contenía un aviso amenazador.

«Hermanos —así decía—: Vigilad en el Mediodía, porque al abrigo de su influencia se ha creado un traidor, y ese traidor os buscará la perdición.


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