JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un MĂ©dico QuedĂłse con el maestro Marat el cirujano, quien se aproximĂł con humildad y muy pálido al terrible orador cuyo poder no tenĂa lĂmites.
—Maestro —le interrogó—, ¿he cometido efectivamente una falta?
—Grande —dijo Balsamo—, y lo más malo es que no creéis haberla cometido.
—Confieso que no sólo no creo que he cometido una falta, sino que me presumo que he hablado como conviene.
—Eso es orgullo —prorrumpiĂł Balsamo—, los hombres combaten la enfermedad en las venas de un enfermo, la peste en las aguas y en los aires: pero consienten que el orgullo eche tan profundas raĂces en sus corazones, que no pueden alcanzar a extirparlo.
—¡Oh!, maestro —dijo Marat—, ¡y quĂ© concepto tan triste tenĂ©is formado de mĂ! ÂżConque es verdad que valgo tampoco que no puedo contarme entre mis semejantes? ÂżTan mal fruto he recogido de mis trabajos, que no soy capaz de decir una palabra sin que se me llame ignorante? ÂżTan dĂ©bil adepto soy que se sospecha de mis convicciones? Aunque no fuese más que por esto, existo a lo menos por el cariño que profeso a la sagrada causa del pueblo.
