JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Todos contemplaban al enfermo con asombro y al médico con admiración.
No obstante, algunos dijeron que los dos habían perdido el juicio.
Marat también fue de este parecer y dijo a Balsamo.
—Ese desgraciado se ha vuelto loco y por eso no sufre.
—No es eso —respondió Balsamo—, y tan distante está de haber perdido el juicio, que si se le pregunta nos dirá, si es que ha de morir, qué día sucederá esto, y si ha de vivir, el tiempo que durará su convalecencia.
Marat presumió que Balsamo estaba tan loco como el paciente.
En tanto, el cirujano vendaba precipitadamente las arterias, de las que salía la sangre en abundancia.
Balsamo sacó del bolsillo un frasquito, empapó algunas hilas en el agua que contenía, y rogó al cirujano mayor que aplícase aquello a las arterias.
Este lo verificó con alguna curiosidad, porque era uno de los practicantes más célebres de aquel tiempo, apasionado amante de la ciencia, y no despreciaba ninguno de sus misterios, siendo para él la duda por lo menos peor que la casualidad.
