JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico M. de Sartine no pudo reponerse al pronto, pues le parecÃa sentir el frÃo del cañón sobre su frente.
Al cabo se repuso.
—Caballero —dijo—, me lleváis una ventaja, pues sabiendo la clase de hombre con quien iba a hablar no tomé las precauciones que es costumbre adoptar contra los malhechores de baja ralea.
—¡Oh! —replicó Balsamo—, os enfurecéis y vais a vomitar injurias pero sois injusto, porque he venido a haceros un favor.
M. de Sartine hizo un movimiento.
—SÃ, a prestaros un favor, caballero —prosiguió Balsamo—, y os engañáis acerca de mis intenciones, hablándome de conspiradores, precisamente cuando yo venÃa a denunciaros una conspiración.
Pero por más que Balsamo dijese, lo que es en aquel momento M. de Sartine no prestaba mucha atención a las palabras de aquel visitante peligroso, de suerte qué la palabra conspiración que en épocas bonancibles le hubiera sobresaltado, apenas hizo que aplicase el oÃdo.
