JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico M. Sartine EMPIEZA A CREER EN LAS BRUJERÍAS
DEL CONDE DE FÉNIX Y ÉSTE OFRECE A LA CONDESA DU BARRY REJUVENECERLA
Y descargó su enojo, agitando furiosamente la campanilla.
Al oír el precipitado repiqueteo de la campanilla, acudió un portero.
—¿Y esa mujer? —preguntó el magistrado.
—¿Qué mujer, monseñor?
—La que sufrió aquí el desmayo, y os encargué guardaseis.
—Ya está buena, monseñor.
—Pues bien, traédmela.
—¿Dónde la busco, monseñor?
—¡Toma!, en ese aposento.
—Si no está ahí, monseñor.
—¿Pues dónde ha ido?
—Lo ignoro.
—¿Se ha marchado?
—Sí.
—¿Sola?
—Sí, monseñor.
—¿Pues si no podía sostenerse?
