JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico

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Capítulo CXXVII

Se disponía Balsamo a despertar a Lorenza y recriminarla ásperamente, cuando un triple sonido le hizo comprender que Althotas le llamaba.

No obstante, Balsamo aguardó con la esperanza de haberse equivocado o de que la seña que se había oído fuese puramente casual, pero el impaciente anciano llamó de nuevo, de suerte que Balsamo, temiendo ya verlo bajar como había ocurrido algunas veces, ya que despertase Lorenza por un influjo contrario al suyo y se enterara de alguna nueva particularidad no menos peligrosa para él que sus secretos políticos; de suerte que Balsamo, íbamos diciendo, echó, si así debe decirse, una nueva capa de fluido sobre Lorenza, y salió para ir adonde se encontraba Althotas.

Ya era tiempo de que llegase, pues la trampa se hallaba a la mitad del techo; Althotas había abandonado su sillón que daba vueltas, y apareció acurrucado en aquella parte movible de la plancha que subía y bajaba.

Por lo tanto vio salir a Balsamo de la habitación de Lorenza.

Así acurrucado, presentaba el viejo un aspecto tan terrible como repugnante.


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