JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico La que aguardaba era la condesa du Barry que, mientras llegaba Balsamo, se entretenía hojeando un libro muy curioso sobre la muerte, grabada en Maguncia, y cuyas láminas, dibujadas con un arte prodigioso, presentan la muerte presidiendo todas las acciones de la vida del hombre, aguardándole al salir de un baile en que acaba de estrechar la mano de su querida, atrayéndole al fondo del agua en que se baña, u ocultándose en el cañón de la escopeta con que va a cazar.
La du Barry contemplaba una lámina que representaba una mujer bellísima perifollándose y contemplándose al espejo, cuando Balsamo empujó la puerta y fue a saludarla sonriéndose con el rostro radiante de felicidad.
—Perdonadme, señora, que os haya hecho esperar, pero había calculado mal la distancia o no conocía bien lo que corren vuestros caballos y supuse que aún estabais en la plaza de Luis XV.
—Pues qué —preguntó la condesa—, ¿sabíais que iba a venir?
—Sí, señora, hará dos horas próximamente que os vi en vuestro retrete forrado de raso azul, mandando poner el coche.
—¿Y decís que me encontraba en mi retrete forrado de raso azul?
