JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico El afán con que M. de Jussieu corrió hacia Andrea, a quien apenas divisaba el rey, merced a su cortedad de vista, y a quien no conoció absolutamente, asà como los gritos sofocados de Gilberto, gritos que expresaban un profundo terror, hicieron que Su Majestad acelerase el paso.
—¿Qué sucede? —preguntó Luis XV aproximándose a los hojaranzos.
—¡El rey! —exclamó M. de Jussieu, sosteniendo en sus brazos a la joven.
—¡El rey! —exclamó Andrea, desmayándose del todo.
—¿Quién es? —interrogó Luis XV—, ¡ah!
—Señor, se ha desmayado.
—¡Ah!, veamos —dijo Luis XV.
—Ha perdido el conocimiento, señor.
El rey se acercó, conoció a Andrea, y estremecióse.
—¿Otra vez?… ¡Oh!, esto es terrible, el que tiene semejantes enfermedades no puede salir de su casa, porque no es decoroso morirse asà todos los dÃas delante de la gente.
Y Luis XV deshizo lo andado para dirigirse al pabellón de Trianón el chico, diciendo pestes contra Andrea.